Y dale con el precio del pollo
JAVIER DE J. MANSILLA
Cuando un gobierno pone a su gabinete económico a discutir cómo controlar el precio del pollo, no me parece que esto diga algo bien de esas gestiones de tan alto nivel de gobierno. Estas cosas deben quedar en manos de instancias de menor nivel y, mejor, en manos de los gobiernos municipales. Pero no, les sobra tiempo.
Todo esto extraña, puesto que el mismo ministro de Economía y Finanzas Públicas tiene la respuesta cuando se refiere al precio del petróleo en los mercados internacionales. Textualmente dice que “la baja del precio internacional del petróleo está desincentivando la exploración y producción de crudo en el mundo y el efecto a futuro será que el petróleo comience a subir”, que “las grandes empresas petroleras como British Gas (BG) y British Petroleum han revisado sus presupuestos de inversión y su efecto será mundial, porque luego habrá una baja en la producción y los precios subirán de nuevo” (La Razón, 09/02/15).
Esto es precisamente lo que ocurre con el pollo,
puesto que cuando este abunda en las granjas, su precio en el mercado cae, y cuando los avicultores producen menos pollos, este escasea y su precio tiende a subir: oferta y demanda. De esa manera, a lo largo del año las amas de casa unos meses compran barato y otros, caro, dando un precio promedio mensual razonable. Entre agricultores, avicultores, comerciantes y consumidores siempre existió un pacto no firmado de entendimiento mutuo, hasta que aparecieron instancias gubernamentales y ciertos vicios de patrañera política imponiendo un ‘precio justo’ para defender al consumidor final, que siempre termina menoscabando el eslabón inicial de la cadena productiva, los agricultores, y desincentiva al segundo eslabón, los avicultores.
Para que el lector lo entienda, no existe manera de predecir cuándo el pollo va a abundar o cuándo escasear, salvo en ciertos periodos del año cuando tradicionalmente el menú diario lo pone en la lista y lo retira en otros. Los riesgos del negocio agro-avícola, por así llamarlo, que se inicia en la producción del grano de maíz (80% del alimento para pollos) y termina en el kilo de pollo, los asumen los agricultores y, seguidamente, los avicultores. No hay donde perderse, ‘precio justo’, ¿para quién?
Si la inflación anual es del 5%, el precio de 15 para el año que se fue hoy bordea los 16, salvo que para los granjeros agricultores y avicultores no cuente la inflación y, por decreto, recorten sus ganancias en beneficio de un precio justo para el consumidor final
Extraido de: http://www.eldeber.com.bo/opinion/y-dale-precio-del-pollo.html
Cuando un gobierno pone a su gabinete económico a discutir cómo controlar el precio del pollo, no me parece que esto diga algo bien de esas gestiones de tan alto nivel de gobierno. Estas cosas deben quedar en manos de instancias de menor nivel y, mejor, en manos de los gobiernos municipales. Pero no, les sobra tiempo.
Todo esto extraña, puesto que el mismo ministro de Economía y Finanzas Públicas tiene la respuesta cuando se refiere al precio del petróleo en los mercados internacionales. Textualmente dice que “la baja del precio internacional del petróleo está desincentivando la exploración y producción de crudo en el mundo y el efecto a futuro será que el petróleo comience a subir”, que “las grandes empresas petroleras como British Gas (BG) y British Petroleum han revisado sus presupuestos de inversión y su efecto será mundial, porque luego habrá una baja en la producción y los precios subirán de nuevo” (La Razón, 09/02/15).
Esto es precisamente lo que ocurre con el pollo,
puesto que cuando este abunda en las granjas, su precio en el mercado cae, y cuando los avicultores producen menos pollos, este escasea y su precio tiende a subir: oferta y demanda. De esa manera, a lo largo del año las amas de casa unos meses compran barato y otros, caro, dando un precio promedio mensual razonable. Entre agricultores, avicultores, comerciantes y consumidores siempre existió un pacto no firmado de entendimiento mutuo, hasta que aparecieron instancias gubernamentales y ciertos vicios de patrañera política imponiendo un ‘precio justo’ para defender al consumidor final, que siempre termina menoscabando el eslabón inicial de la cadena productiva, los agricultores, y desincentiva al segundo eslabón, los avicultores.
Para que el lector lo entienda, no existe manera de predecir cuándo el pollo va a abundar o cuándo escasear, salvo en ciertos periodos del año cuando tradicionalmente el menú diario lo pone en la lista y lo retira en otros. Los riesgos del negocio agro-avícola, por así llamarlo, que se inicia en la producción del grano de maíz (80% del alimento para pollos) y termina en el kilo de pollo, los asumen los agricultores y, seguidamente, los avicultores. No hay donde perderse, ‘precio justo’, ¿para quién?
Si la inflación anual es del 5%, el precio de 15 para el año que se fue hoy bordea los 16, salvo que para los granjeros agricultores y avicultores no cuente la inflación y, por decreto, recorten sus ganancias en beneficio de un precio justo para el consumidor final
Extraido de: http://www.eldeber.com.bo/opinion/y-dale-precio-del-pollo.html
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